Hace cinco años | Diego A. Moreno

¡Dios! Quítame este cáliz de encima, que lo usaré para embriagarme mil noches y profanarme con sinfín de baladronadas. ¡Dios! ¡Dios! Haz a un lado esta copa dorada que no me fue destinada; aléjala, manténla a kilómetros, a millones de leguas lejos de mí, donde mi lujuria por ambición y ambición por lujuria no sea…