Pentáculo

Kentucky Fried Lit

Esa mano baja lentamente hacia el suelo.

Se mueve.

Se encuentra.

Punto por punto se desliza entre ángulos agudos, obtusos, conteniendo el pulso para que los huesos no se achaquen con su trémulo espanto, hasta que la obra termine. Pero falta un tramo y éste se queda en suspensión. El propietario se escandaliza: la mano se rebela. La figura sublevada cambia su forma, la empapan gotas de sangre enjugadas con lágrimas del incipiente coup d’État.

Y por fin, después de ágiles correcciones, la estampa se completa.

Aquella cara, minutos antes con ojos, ahora cuencas sanguinolentas, boca desfigurada, otra mano sangrante la asfixia, mientras la otra desparrama el carmesí por todo el pentáculo. No hay voz que proteste. No hay ruido inteligible, sólo gemidos y sonidos guturales. Alguien agoniza y los otros profieren cánticos mudos a la invocación de su nuevo amo.

Todo el líquido rojo se absorbe. Desaparece.

Y las…

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