El rostritorcido

Kentucky Fried Lit

Era de noche y hacía frío. Yo estaba caminando, pensando en ella, claro, y fumándome mi vape. No tenía nada qué perder, porque ya había perdido a esa mujer como también a mi trabajo. Pero tal vez hubiera podido reconquistarla.

No lo hice.

Entonces, mientras hacía lo mío, mis pies llegaron a un parque, muy gótico para el gusto de una alma asustadiza, pero con lo distraído que andaba, pues no me fijé de inmediato que mi alrededor se oscurecía sobrenaturalmente, tanto como para dejar a cualquiera anonadado por creer que se había metido a una historia de terror.

Y me detuve por escuchar un gruñido. Sí. Era de esos que parecen que provienen de una bestia canina, pero, humana, perramente humana. Dejé a mi vape colgando en mi brazo derecho; me doy la vuelta y lo veo: a un hombre, extraño, temeroso de la existencia. No podría verle…

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