Carmen | Lizbeth Carreón

Olvidaste cerrar el baúl,
y las cosas muertas
nos observaban con ojos vacuos.

Y los monstruos, los monstruos
rugían y rugían.

Mis manos, yertas,
yacían a poco del baúl.

Tenías los pies fríos,
los ojos fijos.

Tenías en las muñecas ríos.
Teníamos los ojos fijos.

-Carmen- Susurraba.
Y no respondías.
-Carmen- Gimoteaba.
Y tu no escuchabas.

-Carmen- Fue mi última palabra.
-Carmen- Te pensé antes de ahogarme.
-Carmen- Fue un grito al cielo.
-Carmen- Hice dos cortes y nos metí en el baúl.

Nuestras manos,
cuatro ríos.

Nuestros ojos,
cuatro vacíos.

Tus labios,
un infierno muerto.

Nuestro amor,
agonía lacónica,
yace yerto.

Tus mejillas,
un lienzo surcado
de negras lágrimas.

Mi ojos,
secos,
aún te lloran.

© Todos los derechos reservados.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Claudia dice:

    Cuanta melancolía, que olor a muerte! Por qué no recrear la magia de la vida o incluso la de la misma muerte?

    Me gusta

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