Poema #1 | Noliven

¡Qué hora tan propicia para llamar tu mirada,
para pensarte desde el balcón!
El atardecer se atreve ya
sobre las colinas, allá, tan lejos
y verdaderamente luminoso.
Esta ciudad arrinconada de a poco se rinde,
el cauce de los ríos se asienta
en un tiempo más espeso. El polvo entre
calles se deja caer sobre todas las cosas
para dormir como un ave.
Infinitas lámparas destellan en auxilio del
día que se encorva y vence. Las sombras
galopan desde lejanos picos y se
extienden sobre los bosques circundantes, como
un ejército de pesadilla sitiando
nuestras murallas.
Las copas de los árboles ensayan
con galanura el otoño.
El fuego del ocaso inunda el cielo,
acuchillando nubes y páramos:
quemando; las horas.
La noche es de ceniza.
Las estrellas vuelven al amparo eterno:
las más bravas denuncian ya nuestra;esperanza.
Temprano acuden alconsuelo de los solitarios.
El oleaje del mundo se apacigua…

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