El Jardín y la Noche

el

Fragmentos recogidos de un laberinto nocturno.

Campanas mártires suenan en mis oídos,
como alabando a dios sin ser merecido,
y en las flores toda te he besado,
esta noche, amor, moriremos juntos.

Como cuando amábamos a distintos,
todo el sabor a miel pudimos rechazar,
y entre las sombras y entre nosotros mismos,
rodamos al suelo, picoteados por abejas.

Aun así el sol se ha acostumbrado,
a morir cada noche, a caer infinitamente,
para así volver cada día, una y otra vez,
nutrido por sus sueños.

Nuestros cuerpos abrazados
en frecuencia mutua,
es la histeria agónica de un final,
nuestras almas serán sembradas
para ser uno solo, fruto del amor.

Entonces, cuando se extinga el día,
e incluso, cuando las noches parezcan eternas,
eternas por estar junto a ti,
detenido el tiempo.

Cuando se duerma la noche,
e incluso, cuando el día quiera ser por
siempre,
no hay temor por partir.
Porque mientras la noche ansiosa espera,
yo aquí te espero.

Por Erick Orel

© Todos los derechos reservados.

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