Tres cuentos cortos III (ya los enumeraremos, mejor)

Ámate si quieres amar a los demás… Y ve al cine también

He intentado amarte, pero me he dado cuenta que faltó amarme. Iré al cine a una cita conmigo mismo. No prometo serte fiel conmigo mismo.

Fin.

Una triste historia narrada por un inmortal adolescente enamorado

Ando por el mundo, vagando por él y buscando razones para quitarme este vestido de inmortal y cambiarlo por uno de muerte letal.

Ando que ando sin parar desde la Antigua Roma hasta la Akiwiki  y al final reventar.

Andando, digo, he andado por tus rumbos y un sinfín de otros más, empero que la vida ya no es igual y estos ojos ajados, puertas del alma, viven de más.

El cuento que no cuenta

Y el relato empezaba así: “El Tribunal apreció cierta rigidez en su triste mirada”. Sin embargo, como el cuasicreador de esta historia quería escribir con excelencia el principio de su microrelato, prefirió, para no estresarse, edificar una Babilonia en su cabeza, tomarse dos cervezas y recorrer aquella ciudad tan antigua con hedonista ojo de espectador. Pero, por no quedar con incertidumbre con el lector, como suele pasar en las telenovelas, este humilde narrador les cuenta que el Tribunal notó la rigidez en la triste mirada de aquel personaje, recitaron sus incontables crímenes ante un jurado clerical, fue sentenciado a muerte, lo fusilaron y exhibieron su cabeza junto con sus compadres insurgentes en la Alhóndiga de Granaditas.

Finito.

Por Albert Brown

©Todos los derechos reservados

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s