Tres cuentos cortos

Aleluya, paradoja

Hace mucho tiempo atrás, en una galaxia muy muy lejos de aquí…

-No soy yo, eres tú.

Y el Ego de ella fue lacerado, creando un terrible trastorno esquizofrénico que después mutó a un habilidad psicótica que hizo que el planeta explotara y el Universo se contrajera para crear otro en que nunca el Yo tenga la culpa sino el Tú.

Alternativa utópica

Tarde, muy tarde, a la cuarta hora de la cita ella llegó, pero él ya se había ido a comprar churros con otra.

Cuando las caras y los libros se conjugan

El escritor deambuló por varios sitios web para promocionar su Blog donde decantaba toda su creatividad. Lo hizo de mil maneras: copiando y pegando sus hipervínculos; publicándolo en su biografía en esta y otra red social; posteando un comentario que le agregaba curiosidad a los nuevos cuentos que de tiempo en tiempo escribía; pagaba para que un motor de búsqueda le hiciera una mediocre publicidad que el 95.6% de los usuarios cibernéticos ignoraban; daba rabietas y gritaba a los siete, diez o veinte cielos, y dos infiernos que él mismo mencionaba; le daba comida a su fiel can mientras le cotilleaba que había escrito algo innovador en su Blog para que le avisara a todos los de su especie canina que rondaban por la colonia; subía a autobuses tocando su guitarra, de la cual sólo se sabía dos o tres acordes, y de ahí aprovechaba y recitaba sus poemas, sus microcuentos, moviéndose de un lado a otro, contoneándose, embistiendo, tropezando, recibiendo codazos, dependiendo de los giros que daba el salvaje y largo automóvil; pegando sus relatos, sacados directamente de su psique, en monumentos, postes y en momentos desesperados también en coches y carriolas de bebé; en hojas recicladas pegaba su CV, con fotografía y sus varias cuentas en las redes sociales y el enlace de su blog; rogándole a un cura que le revelara la verdad de la vida y que si después podía “Revisar mi blog, padrecito”; rezando todos los días y escribiendo con cal, sangre, epidermis y carne en los cerros el nombre de su blog titulado ¡Léeme emeél!.

A final de cuentas, o mejor dicho, en el final del cuento, lo único que lo hizo famoso fue cuando rompió el Record Guiness como el hombre que ha publicado más entradas en un blog.

 

Por Albert Brown

©Todos los derechos reservados

 

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